5 abr 2010

sous le soleil.

It's hard to take the blame
When I look at you, you're so ashamed
My darling
I've been thinking of leaving
Well all right
It's ok
We all get the slip sometimes every day
I'll just keep it to myself
In the sun
In the sun
Well all right
It's ok
We all feel ashamed sometimes every day
I'll just keep it to myself
In the sun
In the sun.









25 mar 2010

valse avec le temps.

El tiempo es una cosa muy curiosa. Nunca se sabe cómo pasa, pero siempre comentamos lo rápido que lo hace. Aparece, saluda, y cuando menos lo esperamos, se va.
Cuando estamos aburridos, se deleita con nuestras miradas apesumbradas y suspiros fastidiados, y camina a paso de tortuga. Un minuto se transforma en un siglo. Sin embargo, cuando estamos contentos, entretenidos, disfrutando, el muy sinvergüenza juega carreras con el viento y corre a una velocidad inhumana. Aquel minuto se transforma en una milésima de segundo.
Nunca lo comprendemos y siempre andamos revisándolo, no vaya a ser cosa de que nos despistemos y haga de las suyas.
El tiempo es pícaro. El amigo de una amiga de una conocida que me prestó un libro donde ese amigo es un personaje, me contó que se peleó con el tiempo. Tuvieron una larga y acalorada discusión. El tiempo no cedió, y este amigo refunfuñó en todos los idiomas que conocía. Y, por supuesto, el tiempo se enojó y decidió no pasar por la casa de este amigo nunca más. Nunca jamás de vuelta. Y helo allí a este amigo. Para él son siempre las seis de la tarde y vive en una infinita fiesta de té, merendando una y otra, y otra vez el mismo té de frutos rojos y degustando siempre los mismos pasteles.
El tiempo juega con nosotros. Nos distrae, pero con cuidado de que no nos avivemos. Nos controla, pero con una sutileza propia a su estilo. Nos sofoca y casi siempre nos hace olvidar por qué lo necesitábamos en primer lugar. Un momento, ¿lo necesitábamos?
Y cuando nos dimos cuenta, el tiempo voló y solo nos preocupamos por él.




23 mar 2010

la vie quotidienne.

“It is better to be hated for what you are than loved for what you are not.”

— André Gide






12 mar 2010

chanson de mer.

¡Ahí estaba, otra vez, esa música!
Dejó caer el libro que tan meticulosamente estaba leyendo y se incorporó de un salto.
- ¿Qué te pasa, Tomás? - Preguntó su padre, alarmado por el abrupto movimiento.
Tomás hizo caso omiso y escuchó con atención.
Giró la cabeza un par de veces con ojos ávidos, tratando de captar el origen de aquella música. Pero la playa estaba bastante vacía aquel atardecer. Cerró los ojos e hizo un esfuerzo por identificar de hacia dónde soplaba el viento.
Sur.
Dio media vuelta y comenzó a correr hacia el norte, trastabillando varias veces y hundiéndose considerablemente en la fresca arena.
Corrió y corrió, dejando atrás a las pocas familias que estaban jugando a las cartas o buscando cangrejos, alejándose cada vez más de la ruta y escuchando, cada vez más fuerte, aquella curiosa melodía que se repetía sin cesar.
Cuando la respiración se le comenzó a entrecortar y la garganta, a pedirle un buen trago de agua, dobló por una pequeña península que formaba la costa y se detuvo. La música era ahora muy fuerte.
Observó aquel diminuto golfo, apreciando las gigantes rocas sobre la costa, y las montañas escarpadas que hacían de acantilado.Y sin embargo, no vio a nadie.
Pero un pensamiento le asaltó la mente.
Con cuidado, y tratando de hacer el menor ruido posible, se acercó a la formación de rocas.
Se asomó. Un viento repentino, con mayor fuerza de la normal, lo despeinó.
Es el día de hoy en que Tomás no sabe si lo que vio fue algo real o un producto de su imaginación. Los recuerdos son borrosos, en términos de percepción de la realidad, pero lo que si recuerda con nitidez es el áura, el halo de magia, o de sobrenaturalidad, que abarcó todo durante esos minutos.
Allí, sumergida en el mar hasta la cintura y dándole la espalda, había una joven, de larga cabellera rubia, que tocaba una flauta de madera mirando hacia el horizonte. La calma que reinaba en el lugar era casi tangible.
Desde donde estaba pudo notar que sus ojos azules, tan azules como el mismísimo mar, estaban embebidos de una nostalgia y anhelo profundísimo. Y mientras tanto, aquella melodía lo hipnotizaba más y más.
Ansió verla de más cerca y al tratar de trepar aún más la roca, resbaló, cortándose apenas el talón.
Maldijo entre dientes y desvió la vista para analizar el daño.
Y cuando volvió a levantar la vista, la chica había desaparecido.




1 mar 2010

don quixote.

So we left La Mancha
Headed out for higher plains
Me and Sancho Panza
Looking for adventure
Rosinante at the reins
To the windmills answer
You'll never be lonely
You'll never be lonely ever again
You'll never be lonely
You'll never be lonely again
I heard you never get wet in Spanish rain
So they sent the doctor, for examining my brain
Said he's not too clear
Oh when the world,
when the world just seems, a little bit too cruel
Gonna leave it better
Make one better
So tell that princess
Tell that princess right down the train
Tell that princess
She'll never be lonely again
I heard you never get wet in Spanish rain
Ooh, ooh
I heard you never get wet in Spanish rain
I heard you never get wet in Spanish rain
Woo ooh, Wooh ooh
Heard you never get wet in Spanish rain
 



Amazing...

18 feb 2010

le héros commun.

Aquel mediodía de verano la encontró sentada en la cocina, leyendo. La brisa era escasa y cálida, pero suficiente para colarse por la puerta entreabierta que daba al jardín y refrescar el ambiente. El sol, en cambio, derramaba sin escatimar todo su calor sobre el pasto. Los árboles agradecían agitando lánguidamente sus hojas.
Leía un clásico. Uno de esos libros que están tan incorporados en las conversaciones cotidianas, en las listas de literatura espectacular e imprescindible, que la gente ni se molesta en considerar que alguien pueda haber no leído. Pero ella nunca lo había hecho. Y a veces le avergonzaba admitirlo. Pero ese mediodía, decidió cambiar las cosas.
El tiempo jugueteaba con las agujas del reloj, y sus dedos, con las páginas del libro. La calma era absoluta, salvo por el ruido de alguna cigarra quejándose del calor. El libro, claramente, era tan bueno como su fama le atribuía. Héroes, aventuras, paisajes, maravillas no cotidianas.
Escuchó, suave, el sonido de las llaves abriendo la puerta de calle.
- Ya volví! -
Con agilidad marcó el libro y lo dejó a un costado de la mesa. Su madre entró a la cocina, cargando con unas bolsas del mercado y un semblante cansado. Su madre dio inicio al desembarque de botellas y frascos de mermelada con un resoplido.
- ¡Qué calor que está haciendo! Así no vamos a sobrevivir! -
El ruido de las bolsas rompió con la calma tácita del ambiente. Una, dos hogazas de pan. Cinco paquetes de galletas. Un gran frasco de melaza. Se dedicó a observar a su madre vaciar las bolsas.
- No sabés qué buen libro que estoy leyendo! -
Su madre se permitió unos segundos de pausa para mirar a su hija entre las compras.
- ¿Sí? -
- Sí! Cuenta la historia de un grupo de seres fantásticos que se embarcan en la travesía (que después resulta ser una aventura inmensa) más mágica que jamás hayan hecho. Y hay princesas y todo! - Explicó, exudando entusiasmo y reverencia.
- Bueno, no sé que tan mágica pueda ser la travesía de esos muñequitos, pero lo que sí sé es que me vas a tener que ayudar con el almuerzo! - Dijo su madre mientras terminaba con las bolsas y encendía la primera hornalla.
Ella asintió y rápidamente se incorporó. Se acercó hasta la cocina y comenzó a cortar las verduras que su madre le colocó en la tabla.
- ¿Qué tal el trabajo, ma? -
- Bien - Replicó su madre mientras batía un par de huevos. - Hoy, por suerte, pudimos terminar con el caso del chico adoptado y entregarles los últimos papeles a la familia adoptiva. Así que bien. - Terminó de explicar con una sonrisa plasmada en su rostro.
Ella también sonrió, y no pudo evitar pensar en su libro. Al final de cuentas, los héroes no eran tan lejanos.

Sonia Szóstak Photography.

13 feb 2010

la reine.

Debes seguir de pie. Nadie puede quebrar aquello que no es suyo. Debes seguir firme. No es tuyo, no es sobre tí, no es tu decisión.
Ten miedo de los incapaces, pues heredarán sus piernas.
Ten miedo de los viejos, heredarán sus almas.
Ten miedo de los fríos, heredarán su sangre.
Après moi, le deluge!
Debes seguir de pie. No puedes, no intentes, no quebrarás lo que no es tuyo. No es tu decisión.
Ten miedo de los incapaces, pues heredarán sus piernas.
Ten miedo de los viejos, heredarán sus almas.
Ten miedo de los fríos, heredarán su sangre.
Firme. Debes seguir firme. De pie. No eres tú. No es tu decisión.
Après moi, le deluge!