18 feb. 2010

le héros commun.

Aquel mediodía de verano la encontró sentada en la cocina, leyendo. La brisa era escasa y cálida, pero suficiente para colarse por la puerta entreabierta que daba al jardín y refrescar el ambiente. El sol, en cambio, derramaba sin escatimar todo su calor sobre el pasto. Los árboles agradecían agitando lánguidamente sus hojas.
Leía un clásico. Uno de esos libros que están tan incorporados en las conversaciones cotidianas, en las listas de literatura espectacular e imprescindible, que la gente ni se molesta en considerar que alguien pueda haber no leído. Pero ella nunca lo había hecho. Y a veces le avergonzaba admitirlo. Pero ese mediodía, decidió cambiar las cosas.
El tiempo jugueteaba con las agujas del reloj, y sus dedos, con las páginas del libro. La calma era absoluta, salvo por el ruido de alguna cigarra quejándose del calor. El libro, claramente, era tan bueno como su fama le atribuía. Héroes, aventuras, paisajes, maravillas no cotidianas.
Escuchó, suave, el sonido de las llaves abriendo la puerta de calle.
- Ya volví! -
Con agilidad marcó el libro y lo dejó a un costado de la mesa. Su madre entró a la cocina, cargando con unas bolsas del mercado y un semblante cansado. Su madre dio inicio al desembarque de botellas y frascos de mermelada con un resoplido.
- ¡Qué calor que está haciendo! Así no vamos a sobrevivir! -
El ruido de las bolsas rompió con la calma tácita del ambiente. Una, dos hogazas de pan. Cinco paquetes de galletas. Un gran frasco de melaza. Se dedicó a observar a su madre vaciar las bolsas.
- No sabés qué buen libro que estoy leyendo! -
Su madre se permitió unos segundos de pausa para mirar a su hija entre las compras.
- ¿Sí? -
- Sí! Cuenta la historia de un grupo de seres fantásticos que se embarcan en la travesía (que después resulta ser una aventura inmensa) más mágica que jamás hayan hecho. Y hay princesas y todo! - Explicó, exudando entusiasmo y reverencia.
- Bueno, no sé que tan mágica pueda ser la travesía de esos muñequitos, pero lo que sí sé es que me vas a tener que ayudar con el almuerzo! - Dijo su madre mientras terminaba con las bolsas y encendía la primera hornalla.
Ella asintió y rápidamente se incorporó. Se acercó hasta la cocina y comenzó a cortar las verduras que su madre le colocó en la tabla.
- ¿Qué tal el trabajo, ma? -
- Bien - Replicó su madre mientras batía un par de huevos. - Hoy, por suerte, pudimos terminar con el caso del chico adoptado y entregarles los últimos papeles a la familia adoptiva. Así que bien. - Terminó de explicar con una sonrisa plasmada en su rostro.
Ella también sonrió, y no pudo evitar pensar en su libro. Al final de cuentas, los héroes no eran tan lejanos.

Sonia Szóstak Photography.

13 feb. 2010

la reine.

Debes seguir de pie. Nadie puede quebrar aquello que no es suyo. Debes seguir firme. No es tuyo, no es sobre tí, no es tu decisión.
Ten miedo de los incapaces, pues heredarán sus piernas.
Ten miedo de los viejos, heredarán sus almas.
Ten miedo de los fríos, heredarán su sangre.
Après moi, le deluge!
Debes seguir de pie. No puedes, no intentes, no quebrarás lo que no es tuyo. No es tu decisión.
Ten miedo de los incapaces, pues heredarán sus piernas.
Ten miedo de los viejos, heredarán sus almas.
Ten miedo de los fríos, heredarán su sangre.
Firme. Debes seguir firme. De pie. No eres tú. No es tu decisión.
Après moi, le deluge!