29 oct. 2009

histoires minimales.

Había una vez un hombre que no sabía lo que era la vida. Tenía la misión de conocerla y aprender cada uno de sus aspectos. Visitó una ciudad, para conocer a los hombres y mujeres que la habitaban. Descubrió la falta de educación de los conductores. Y la indiferencia. Vio el hambre personificada en un cuerpecito de cinco años y tres dientes. Y el odio en un asalto. Percibió el aroma del azufre y la humedad al caminar cerca de un incendio. Escuchó los gritos de una humanidad agonizante. Lloró. Y descubrió el sabor salado de la derrota.



Había una vez una mujer que componía música para cajitas. Tenía la misión encontrar la inspiración perfecta para su nueva melodía. Visitó una pintoresca ciudad, para buscar rincones y secretos asombrosos. Descubrió las hojas que caían de los árboles con suaves piruetas. Y el derroche de color de los balcones rebosantes de flores. Vio un torbellino de risas y sonrisas en una fiesta de cumpleaños. Y el sol reflejado en el río. Percibió el dulce aroma de los jazmines en flor al pasar cerca de un parque. Escuchó el trinar de un pájaro. Sonrió. Y sintió el aire llenar sus pulmones.


Había una vez un hombre, que se encontró con una mujer que sonreía. Y respiraba.
Había una vez una mujer, que descubrió a un hombre triste y abatido. Y que lloraba.
Había una vez una melodía de una cajita de música, que era perfecta, porque cantaba sobre el amor.
Había una vez.



Sundew Photography.

18 oct. 2009

la vie.

Velita inicial

Adagio

Ardiente y despojado tiembla, erguido
pétalo convocante, que en la mira
es penacho de un pulcro tallo unido
a un gordo y dulce bulbo de mentira.

Es la luz unitaria del sentido
de Susana y Horacio, que en la pira
sus entregas de amor han ofrecido.
(Marina pareciera que suspira).

Comparte la familia agradecida
el primer cumpleaños de su vida
que ya promesas de la gracia amaga.

Y la ascética flor del cirio alumbra,
como guía que atrae en la penumbra
hasta que el soplo del ritual la apaga.

Monumento

Allegro

¡Felicidad Marina! El coro exclama
la augural alegría del momento;
la puslión de la fiesta va en aumento
en cuanto el rito canceló la llama.

Y cuando ceda en su divertimiento
de manera en que el ánfora derrama,
aceptaré el ocaso de la trama
al hacer de Marina el monumento.

Porque su gracia empapa mi babero;
porque me muestra su primor primero
que su rosa de beba está completa;

porque al reírse prende una luz nueva;
porque al moverse logra que me mueva;
porque es preciosa y, en fin, porque es mi nieta.



Zurich, 8 de octubre de 1991.
Lorenzo Juan Maffeo

10 oct. 2009

l'âge d'innocence.

Contó los días. Uno, dos, quince, veintitrés.
Observó las estaciones. Primavera, verano, otoño, invierno, y otra vez, primavera.
Analizó con detenimiento el metro que tenía colgado en la puerta de su armario. Un metro veinte, un metro treinta y dos, un metro sesenta.
Y se preguntó cuándo había sucedido todo esto.
Miró por sobre su hombro, y se descubrió jugando con sus -oh, tan amadas!- muñecas, sentada sobre el astilloso piso de madera de su antigua casa.
Escuchó nuevamente el crujido de la escalera desvencijada. Husmeó, otra vez, los rincones de la habitación a la cual le habían prohibido entrar. Se ahogó con el perfume de los jazmines, que estallaban todas las primaveras en su pequeño y rústico patio. Saboreó las tortillas de papa que su abuela cocinaba todos los miércoles y viernes.
Y la tristeza y la alegría se le mezclaron en un remolino de colores.
¿Cuándo había crecido?



Sara Photography.

6 oct. 2009

la fin de l'histoire.

Le gustaba pensar que los finales felices se escribían solos.
Oh, no desperdicies tu imaginación, pequeña golondrina.




Marie Hochhaus Photography.

5 oct. 2009

poussière brillante.

Todo llega a un final.
Cuando se cansan del cielo,
estrellas fugaces caen sobre la Tierra,
en una silenciosa lluvia sobre el prado,
inconscientes que aquí la vida es molesta también,
olvidando la suerte de ser admiradas por todos, en el cielo.

Todo el día encerrada,
impelida de hacer algo, nada, por ser demasiado joven.
"Nadie notaría tu ausencia" le susurra la noche.
Soñando, escapando, soñando escapar.
y, de manera extraña, la mañana siguiente está cubierta de polvo y estrellas.
Pero nadie lo nota.
Nadie sabe que las estrellas mueren.

Estrellas que caen, hombres que se hunden.
Y ella, busca...
Una razón para sonreír, un motivo para correr, un modo de escoger.
Buscando un lugar en esta vida, sea en la Tierra o el cielo; al borde del abismo, caminando dormida entre el sueño y la realidad,
levantándose un día, para caer al siguiente, contando las estrellas caídas, las horas de insomnio.
Y se da cuenta, nadie sabe que las estrellas mueren.
Aquí, ya, murieron.


Pierre Henri Photography.