18 dic. 2009

deux oiseaux.

Hicieron una estatua. De nosotros dos.
Las burbujas de jabón ahogaban el cielo de la plaza. Pero los niños reían. La gente decía que era nuestra culpa. Era contagioso.
Nuestras manos enlazadas bailaban al compás del viento. Berlín estaba hermosa esa tarde.
Las burbujas. Las risas.
Y el sol nos saludó, tal y como cualquier otro día. La brisa se transformó en graciosas ventiscas. Era contagioso.
Nuestro ojos buscaban. ¿Qué? Nada. Solo absorbían. Maravillas. Gente. Colores. Magia.
El mundo se había detenido. El sol se congeló iluminando nuestra estatua. El viento sostuvo, con temblores, las pequeñas burbujas que aún revoloteaban por allí. El verde del césped gritó con fuerzas. Era tan contagioso. La luz de tu sonrisa me cegó. Como tantas veces lo había hecho.
Y la vida me explicó la perfección. Imperfecta.






27 nov. 2009

le cercle de vie.

"Ven, Wilkilén, siéntate a mi lado -le había dicho Vieja Kush-. Voy a contarte de una que, a partir de esta noche, será mi hermana y compañera eterna. No te asustes cuando escuches su nombre; ni la culpes por hacer lo necesario. ¿Conoces a alguien a quien le agrade comer manzanas que pendan años y años de los árboles? Tampoco lo conozco yo. Y dime, ¿cómo nacerían manzanas nuevas si las que ya cumplieron con lo suyo no dejaran sitio en las ramas? ¿Podríamos tú y yo ser viejas al mismo tiempo? ¿Quién le enseñaría a quién? La hermana muerte carga con una tarea que todos comprenden pero pocos perdonan. Sin ella, los hombres no mirarían el cielo en las noches claras. Tampoco cantarían. Sin ella, no existirían ni el suspiro ni el deseo. Sin ella nadie en este mundo se ocuparía de ser feliz."








Liliana Bodoc - Los días de la sombra (La Saga de los Confines)




Andreas Allgeyer Photography.
Dedicado a Kuy-Kuyén, de Wilkilén ♥

3 nov. 2009

les chroniques d'aventures.

El suelo de madera vieja crujió bajo sus pies.
Se detuvo unos segundos, suspendida a mitad de camino, con el rostro atento y expectante. Escuchó con atención. La casa parecía no haber notado esa interrupción, y la calma seguía inmutable. Dejó escapar un suspiro mudo, y continuó dando pasos pequeños y callados.
El salón estaba completamente oscuro. La noche había engullido la casa hacía ya unas horas, y solo el brillo tenue y blanco de la luna irrumpía por una de las ventanas sin cortinas. La casa crujía toda, vieja como era, al son de la brisa nocturna. Más de una vez su madre le había contado historias infantiles y perturbadoras sobre esa casona y, en particular, de los fantasmas que en ella habitaban. No pudo evitar sonreír. Y unos escalofríos subieron por su espalda.
Dio otro paso.
Uno de los volados de su camisón de seda le hizo cosquillas a la altura de la rodilla. La luz de la luna bañaba por completo la pintura resquebrajada del cuadro colgado en la desnuda pared, otorgándole un aspecto más siniestro aún. Una de las ventanas se quejó cuando la brisa la entornó levemente. La cortina, de inmediato, comenzó a danzar, libre del polvo y encierro.
Continuó caminando en puntillas.
Repasó una vez más el cuento que Miguel les había relatado con tanto teatro esa tarde a ella y a los demás niños del pueblo. Y recordó el brillo fascinado en los ojos de Pedro. Los demás la habían mirado con desprecio y, algunos, con temor. Pero él se había acercado. Él le propuso la aventura.
Y ahora, mientras se acercaba con deseo a la puerta que siempre estaba con llave en esa casona antigua -como su dueña-, tomó conciencia de lo increíble del asunto. Encontraría la llave y luego podrían, Pedro y ella, abrir el cofre secreto, que estaba siempre, inmutable, sobre el tocador de su abuela. Y descubrirían el mayor tesoro de sus vidas.
Sonrió, con ojos achispados y mejillas sonrosadas.

Jennifer Alder Photography.

29 oct. 2009

histoires minimales.

Había una vez un hombre que no sabía lo que era la vida. Tenía la misión de conocerla y aprender cada uno de sus aspectos. Visitó una ciudad, para conocer a los hombres y mujeres que la habitaban. Descubrió la falta de educación de los conductores. Y la indiferencia. Vio el hambre personificada en un cuerpecito de cinco años y tres dientes. Y el odio en un asalto. Percibió el aroma del azufre y la humedad al caminar cerca de un incendio. Escuchó los gritos de una humanidad agonizante. Lloró. Y descubrió el sabor salado de la derrota.



Había una vez una mujer que componía música para cajitas. Tenía la misión encontrar la inspiración perfecta para su nueva melodía. Visitó una pintoresca ciudad, para buscar rincones y secretos asombrosos. Descubrió las hojas que caían de los árboles con suaves piruetas. Y el derroche de color de los balcones rebosantes de flores. Vio un torbellino de risas y sonrisas en una fiesta de cumpleaños. Y el sol reflejado en el río. Percibió el dulce aroma de los jazmines en flor al pasar cerca de un parque. Escuchó el trinar de un pájaro. Sonrió. Y sintió el aire llenar sus pulmones.


Había una vez un hombre, que se encontró con una mujer que sonreía. Y respiraba.
Había una vez una mujer, que descubrió a un hombre triste y abatido. Y que lloraba.
Había una vez una melodía de una cajita de música, que era perfecta, porque cantaba sobre el amor.
Había una vez.



Sundew Photography.

18 oct. 2009

la vie.

Velita inicial

Adagio

Ardiente y despojado tiembla, erguido
pétalo convocante, que en la mira
es penacho de un pulcro tallo unido
a un gordo y dulce bulbo de mentira.

Es la luz unitaria del sentido
de Susana y Horacio, que en la pira
sus entregas de amor han ofrecido.
(Marina pareciera que suspira).

Comparte la familia agradecida
el primer cumpleaños de su vida
que ya promesas de la gracia amaga.

Y la ascética flor del cirio alumbra,
como guía que atrae en la penumbra
hasta que el soplo del ritual la apaga.

Monumento

Allegro

¡Felicidad Marina! El coro exclama
la augural alegría del momento;
la puslión de la fiesta va en aumento
en cuanto el rito canceló la llama.

Y cuando ceda en su divertimiento
de manera en que el ánfora derrama,
aceptaré el ocaso de la trama
al hacer de Marina el monumento.

Porque su gracia empapa mi babero;
porque me muestra su primor primero
que su rosa de beba está completa;

porque al reírse prende una luz nueva;
porque al moverse logra que me mueva;
porque es preciosa y, en fin, porque es mi nieta.



Zurich, 8 de octubre de 1991.
Lorenzo Juan Maffeo

10 oct. 2009

l'âge d'innocence.

Contó los días. Uno, dos, quince, veintitrés.
Observó las estaciones. Primavera, verano, otoño, invierno, y otra vez, primavera.
Analizó con detenimiento el metro que tenía colgado en la puerta de su armario. Un metro veinte, un metro treinta y dos, un metro sesenta.
Y se preguntó cuándo había sucedido todo esto.
Miró por sobre su hombro, y se descubrió jugando con sus -oh, tan amadas!- muñecas, sentada sobre el astilloso piso de madera de su antigua casa.
Escuchó nuevamente el crujido de la escalera desvencijada. Husmeó, otra vez, los rincones de la habitación a la cual le habían prohibido entrar. Se ahogó con el perfume de los jazmines, que estallaban todas las primaveras en su pequeño y rústico patio. Saboreó las tortillas de papa que su abuela cocinaba todos los miércoles y viernes.
Y la tristeza y la alegría se le mezclaron en un remolino de colores.
¿Cuándo había crecido?



Sara Photography.

6 oct. 2009

la fin de l'histoire.

Le gustaba pensar que los finales felices se escribían solos.
Oh, no desperdicies tu imaginación, pequeña golondrina.




Marie Hochhaus Photography.

5 oct. 2009

poussière brillante.

Todo llega a un final.
Cuando se cansan del cielo,
estrellas fugaces caen sobre la Tierra,
en una silenciosa lluvia sobre el prado,
inconscientes que aquí la vida es molesta también,
olvidando la suerte de ser admiradas por todos, en el cielo.

Todo el día encerrada,
impelida de hacer algo, nada, por ser demasiado joven.
"Nadie notaría tu ausencia" le susurra la noche.
Soñando, escapando, soñando escapar.
y, de manera extraña, la mañana siguiente está cubierta de polvo y estrellas.
Pero nadie lo nota.
Nadie sabe que las estrellas mueren.

Estrellas que caen, hombres que se hunden.
Y ella, busca...
Una razón para sonreír, un motivo para correr, un modo de escoger.
Buscando un lugar en esta vida, sea en la Tierra o el cielo; al borde del abismo, caminando dormida entre el sueño y la realidad,
levantándose un día, para caer al siguiente, contando las estrellas caídas, las horas de insomnio.
Y se da cuenta, nadie sabe que las estrellas mueren.
Aquí, ya, murieron.


Pierre Henri Photography.

27 sep. 2009

les marionnettes.

¿Por qué aún hoy, donde se supone que todo es feliz, los veo llorando? Es que no entiendo -tal vez no quiera entender, pero eso ya es otro asunto-, ríen despreocupados y sin embargo sus ojos me transmiten una aciaga desesperación.
¿Y qué es lo que mis ojos ven en este turbulento día neblinoso? Lágrimas. Esa promesa tantas veces repetidas -aunque yo ya sabía que era vana- se rompió. Y ellos se quebraron.
Algunos, como en todo tiempo, supimos ver el engaño. Nos apartamos justo a tiempo, tratando de salvar del tren del destino incierto -y perdido- a todo aquel que quiso escucharnos. Nada.
Lloran los lunes. ¿Tratan de olvidar acaso aquello que no puede recordar? Porque eso no es ahora más que un borrón que ellos mismos hicieron. Pero claro, se suponía que era algo feliz -feliz, feliz... esta palabra ya pierde el gusto-
No supieron, no quisieron mirar. Engañados por un par de voces seductoras y promesas de no sufrir nunca más. Ahí tienen su fruto. Lo mismo que ellos buscaron fue su perdición. Allí yacen, medio moribundos, medio arrepentidos -algunos aún sin comprender-, perdidos y habiendo perdido ya la vida misma.









Elif Karakoc Photography.

vivre comme.

"Suppose we have only dreamed, or made up, all those things -- trees and sun and moon and stars and Aslan himself. Suppose we have. Then all I can say is that, in that case, the made-up things seem a good deal more important than the real ones […]. I'm on Aslan's side even if there is no Aslan to lead it. I'm going to live like a Narnian even if there is no Narnia."





C.S. Lewis - The Silver Chair




Alex Morrice Photography.

15 sep. 2009

l'appel.

Comenzó como un sentimiento,
que luego se transformó en una esperanza,
que luego mutó en un pensamiento tranquilo,
que luegó se hizo palabra tranquila.
Y después esa palabra se hizo más y más fuerte
hasta que fue un grito de guerra.
Volveré,
cuando me llames,
no hay necesidad de decir adiós.
Que todo esté cambiando
no significa que nunca
haya sido de esta manera.
Lo único que puedes hacer es tratar de saber
quiénes son tus amigos
mientras te encaminas hacia la guerra.
Elige una estrella en el horizonte oscuro,
y sigue su luz.
Volverás,
cuando acabe,
no hay por qué decir adiós.
Ahora estamos de nuevo en el principio.
Es solo un sentimiento y nadie lo sabe todavía.
Pero que no lo puedan sentir
no significa que lo debas olvidar.
Deja que tus recuerdos crezcan más y más fuertes,
hasta que estén frente a tus ojos.
Volverás,
cuando te llamen,
no hay por qué decir adiós.
Volverás,
cuando te llamen,
no hay necesidad de decir adiós...



Nelleke Pieters Photography.

14 sep. 2009

une âme imaginative.

Había nacido para un lugar que jamás había conocido. Y que, dadas las circunstancias, jamás conocería. El peso de tamaña realidad la abrumó por unos segundos. El aire se solidificó en su garganta y creyó que se iba a ahogar.
Tomó unas bocanadas de aire, buscando superar la desesperación.
Allí estaba, atorada, atascada, atrapada en ese mundo. En ese lugar donde sabía que le costaría mucho, no, muchísimo, ser feliz. Donde sabía que viviría su cuerpo, pero que su alma y mente estarían allí, en el otro lado.
Suspiró. Nunca le gustaban estos momentos, donde se daba cuenta de lo irónica que era la vida con ella. ¿Cómo iba a hacer para alcanzar el otro lado? No podría, y esa certeza le llenaba los ojos de lágrimas.
¡Basta! ¿Por qué?
Decidió que era momento de seguir. De seguir sobreviviendo. De seguir aparentando. Recompuso su quebrado rostro. Se colocó, otra vez, esa máscara futil de alegría. Forzó una mueca, que algunos osaban llamar sonrisa.
Y siguió.
Siguió con la certeza de que nunca podría salir de allí, de ese mundo que los más pesimistas llamaban realidad. Y que el otro lado se quedaría allí, para siempre, como una fantasma que todas las noches le susurraría al oído las glorias y magnificencias que ella nunca conocería. Vaciló. El otro lado la acompañaría siempre, como una carga que la haría caer, pero como el horizonte hacia el cual caminaba. El otro lado...




Vassy Popova Photography.
"Created for a place I've never known"
(Switchfoot - "This is home")

10 sep. 2009

la prophétie.

"Hago la ronda de la serpiente
ronda que junta cabeza y cola.
Hago la ronda de la serpiente
que estaba partida
y se hizo redonda."




Liliana Bodoc - Los días del fuego (La Saga de los Confines)







Kimberly Li Photography.

20 ago. 2009

la fille dans la robe rouge.

La noche dormitaba. Las estrellas, pálidas, titilaban incansables. Nada parecía moverse y, sin embargo, allí estaban todos, bailando al compás de un vals de antaño. El vestido rojo se ceñía con increíble precisión a cada una de tus curvas. La luna se reflejaba en tu piel y se opacaba. Los aros que llevabas puesto tintineaban traviesos. No parecías lo que eras.
Y te susurré, sin tapujos.


La luna demasiado ofendida,
coloca una diadema
sobre tus cabellos pelirrojos.
La luna demasiado rojiza,
de gloria salpica
todas tus enaguas de agujeros.
La luna demasiado pálida,
acaricia el ópalo
de tus ojos cansados.
Princesa de la calle,
sé bienvenida
a mi corazón roto.
Mi pequeño monigote,
siento tu pequeña mano
que busca la mía;
siento tu pecho,
y tu cintura fina.
Olvido mi pena.
Noto sobre tus labios
un olor de fiebre,
de chiquilla mal alimentada.
Y bajo tu caricia
siento un arrebato
que me anonada.
Y mira cómo trota,
la luna que flota,
la princesa también.
Las escaleras de la colina
son duras para los pobres.
Las aspas del molino
protegen a los enamorados.



RobbyP Photography.

11 ago. 2009

le conteur.

Cuenta la leyenda que hace ya mucho tiempo -y por "mucho tiempo" me refiero al tiempo en que el sol calentaba y el hombre aún recordaba el olor del césped-, existía un pueblo ubicado en el actual territorio de los castillos. Este pueblo, conformado por mujeres y hombres, altos y bajos, flacos y gordos, rubios y trigueños, gente de manos ásperas y suaves, tenía una particularidad, o un gran problema, según sea el punto de vista: nunca tuvieron niños.
Y por nunca, me refiero a nunca, jamás.
Se dice que los hombres y mujeres del pueblo de los bóreos llegaron en grandes naves silenciosas, a través de las turbulentas aguas del Nebuloso, en una fecha que pocos supieron y que otros menos recuerdan. Sin embargo, en ninguna de esas naves apareció la carita sonriente de ningún niño, ni se escuchó una risa inocente, ni se vio algún par de travesuras. Habían llegado sin hijos, y sin hijos se habían quedado.
Nadie a lo largo de los territorios del Sol podía explicar cómo hacía este pueblo para sobrevivir. Pocos eran los hombres valientes que se habían atrevido a visitarlos, y todos los que regresaban de aquel pueblo murmuraban lo mismo: "A éstos los trajo el diablo! No envejecen!"
Los brujos de los más altos rangos fueron consultados. Ninguno de ellos parecía encontrar explicación alguna ante tan desfachatada demostración de magia.
Y los bóreos continuaban cosechando, y construyendo, moldeando cerámicas y horneando pan, ajenos a la preocupación externa.
Así fueron pasados los soles. Y las cosechas se repitieron, y los peces del mar murieron. Otros nuevos nacieron y otros hijos del Sol pisaron la Tierra.
Y los bóreos continuaban, intactos, en lo que se transformaría en la Tierra de los Castillos, construyendo nuevas viviendas y comiendo pan de hortalizas.





- ¿Eh? -


- ¿Qué? -


- ¿De qué me estás hablando?! -


- Bueno che! Me preguntaste cómo estaba, yo te respondí, y después me miraste con expresión aburrida y dijiste "Daaale! Contame algo interesante!-












Marie Hochhaus Photography.






Porque quiero ser la mejor cuentista de sueños.

2 ago. 2009

le temps.

"En su implacable tarea de transcurrir, pone el tiempo señales para que las criaturas recuerden que siempre está, y pasando. La caída de las hojas, esa es una señal. Las distancias de la Tierra, esa es otra. Pero como las criaturas son olvidadizas, el tiempo tiene los amaneceres."



Liliana Bodoc - Los días de la sombra (La Saga de los Confines)



Gene Photography.

9 jul. 2009

le sourire.

Bailabas. Eso lo recuerdo perfectamente. Y cantabas.
Te había visto con tanta vida, con tanta juventud. No sé qué pasó.
El vestido verde que llevabas puesto se movía al compás de la música. Y vos la seguías. Sonreías, con esa sonrisa tan tuya que siempre hacía salir el sol. Y mirabas. No, no solo eso. Me mirabas.
Tus ojos –esos ojos que jamás quise dejar de mirar- siempre inquietos, siempre atentos. Nunca les faltaba vida, y siempre derrochaban color. Tal vez te acordás, pero te lo repito, nunca me cansé de hundirme en ellos.
Aquella tarde de Agosto en que fuimos a pasear. También la recuerdo. Tal vez demasiado bien. Ese día estabas excepcionalmente linda. Creo que te lo dije. Y seguramente vos me sonreíste, como lo hacías siempre.
El brillo de tus ojos era particular ese día. Raro. Ya sabías que iba a pasar. O por lo menos lo presentías.
Yo no sabía nada. Y vos no me quisiste avisar. Fue un instante violento. Y luego, la calma.
Esa calma sepulcral que se llevó tu sonrisa. Y con ella, a vos.









Helene Photography.

8 jun. 2009

nuit au dîneur.

Dejó escapar un sonoro suspiro.
El bar estaba casi cerrando. La noche arremolinaba a los pocos transeúntes que se decidían a salir de sus casas bajo los techos iluminados de los negocios. La brisa nocturna golpeteaba el vidrio del local, y unas traviesas hojas otoñales danzaban, de vez en cuando, delante suyo. Resonó la campanita de la puerta, alertando la llegada de un nuevo, aunque tardío, cliente. El dueño, cansado, levantó la vista del trapo con el que estaba limpiando la barra, para observar. Unas mesas más allá, un grupo de hombres discutía alegremente los resultados de último partido. Y en el otro extremo, la mujer de la limpieza comenzaba a barrer.
- ¿Ya no comes más? -
Negó con la cabeza.
Estaba reclinada sobre el mullido asiento, brazos cruzados sobre el pecho, la mirada perdida en la ventana. Hacía tiempo que esos ojos azules habían dejado de mentirme, y ahora estaba seguro. Algo estaba preocupándola.
- Sabes que puedes decirme cualquier cosa, ¿no? -
Se limitó a girar la cabeza y clavar esos ojos en los míos. ¿Cuánto tiempo había pasado ya? Costaba recordarlo con certeza. Comprendía todas y cada una de sus expresiones. Y estaba seguro que a ella le pasaba lo mismo.
Rompí el vínculo visual y decidí continuar con mi porción de pastel. Ella así lo quería. Necesitaba analizarme, para luego poder responderme. Así funcionábamos.
- Le pregunté a Michaela por qué decidió hacer ese viaje -
La sentencia me tomó por sorpresa. Dejé con cuidado el tenedor a un costado, y, aún masticando los últimos vestigios de merengue, apoyé los codos sobre la mesa y me incliné, dispuesto a escucharla.
Ella me observó. Su entrecejo estaba levemente fruncido. Sus labios se cerraban en una delgada línea. Aquí venía.
- Me dijo que creía estar enamorándose de Jared -
Ahí estaba. Tomé el tenedor nuevamente y pinché el último trozo de pastel. Sonreí ligeramente.
- Y eso a tí te ha parecido una estupidez, ¿no es cierto? -
Me miró, con aquella sonrisa que tanto conocía asomando en su rostro. Se descruzó de brazos y se inclinó ligeramente, claro signo de que una de nuestras amistosas discusiones estaba a punto de explotar.
- Ya sabés lo que opino sobre ese tema. Una persona no puede enamorarse. No así. No tan pronto. -
Dejé escapar una leve carcajada. Lo sabía. Demasiado bien tal vez.
- Pero, lo estuve pensando, analizando, diría...-
Levanté la cabeza abruptamente. Ella no era una mujer de segundos pensamientos.
- Y me he dado cuenta que, en el fondo, siento envidia por ella -
El tenedor hizo un ruido sonoro al caer sobre el suelo de mármol. Seguramente mi rostro era la máxima expresión de la perplejidad. ¿Estaba escuchando con claridad?
Ella volvió a suspirar. La miré fijamente. Tenía esa expresión de incomodidad que tantas veces (y a la vez tan pocas) había visto.
- Ey, ¿qué ocurre? -
Levantó la vista y sentí cómo me perdía en ese azul profundo, que ahora me estaba diciendo a gritos que me necesitaba. Podía ver -y no sin cierto horror y preocupación- cómo esa máscara de resistencia y autosuficiencia se había comenzado a resquebrajar.
- Yo también quiero sentirme así alguna vez -






Caterpillar Photography.

29 may. 2009

le sourire le plus joli.

La sencillez de una sonrisa efectivamente puede cambiar tu vida.











Every day you spend without a smile, is a lost day.

15 may. 2009

comme ailes sur mon dos.

"You love someone, you open yourself up to suffering, that's the sad truth. Maybe they'll break your heart, maybe you'll break their heart and never be able to look at yourself in the same way. Those are the risks. That's the burden. Like wings, they have weight, we feel that weight on our backs but they are a burden that lifts us. A burden that allows us to fly..."





"Cuando amas a alguien, te abres a la posibilidad de sufrir, esa es la triste verdad. Tal vez te rompan el corazón, quizás tú rompas el suyo y no seas capaz de volver a verte de la misma manera. Esos son los riesgos. Esa es la carga. Como un par de alas, pesan, sentimos ese peso en nuestras espaldas pero son una carga que nos elevan. Una carga que nos permite volar..."





- Temperance Brennan, The End in the Beginning (4x26)






Todo llega a su fin. Y esta vez nos dejó sin aliento.







Fairy-bluebird Photography.

9 may. 2009

le coup de foudre.

Qué ocurriría si la tormenta termina,
y no te veo
tal como eres ahora
nunca jamás.


El halo perfecto,
de cabellos rubios y rayos,
te hace resaltar contra
el último baile del planeta.


Tan solo por un minuto,
la plata se bifurcó en el cielo,
te encendió como a una estrella
que yo seguiré.


Y ahora nos ha encontrado,
como yo te encontré a ti,
no quiero correr,
solo abrumarme.


Qué ocurrirá si esta tormenta termina
y no nos deja nada,
excepto una memoria,
un eco distante.


Quiero sujetarme,
quiero inestabilidad,
el traqueteo de una caja tras otra,
hasta que mi sangre hierva.


Quiero verte,
como eres ahora,
cada día
que yo viva.


Pintada en llamas,
toda la piel.
Sé el relámpago en mí,
que golpea implacable.






Marie Hochhaus Photography.

27 abr. 2009

essai de cécité.

A dónde vas? Le pregunté, A sentir el viento en mi rostro, a que el frío me cause escozor en los ojos, a oler el perfume de las rosas, a mojar mis pies en el río, Por qué? Mi curiosidad aún no estaba saciada, Acaso no sabes?, Qué? La vida es multicolor, está para que la vivamos, la sintamos, la degustemos... Hablas raro, sentencié, sin tapujos, Raro? No, hablo con certeza, No te das cuenta de que caminas a tientas? Crees ver, pero tan solo vislumbras siluetas, crees escuchar mas lo único que tus oídos consiguen descifrar son ecos, crees oler, y no puedes diferenciar un jazmín de una lavanda, crees conocer todos los sabores, y sin embargo no sabrías decirme a qué sabe un pan recién horneado. Perplejo, le devolví la mirada, de qué hablaba?
No puedes continuar así, conociendo tan solo las sombras, los ecos, debes dejar que el sol te ciegue momentaneamente, para poder conocer realmente, dijo antes de desaparecer en la multitud errante.
No dejo de preguntarme, aún hoy, qué me habrá querido decir con aquello...







Matt Austin Photography.
¿Qué ocurre cuando se lee mucho Saramago y se estudia Platón? Esto.

20 abr. 2009

allons à neverland.

Una abeja se posó en el arbusto rebosante de flores perfumadas que descansaba cerca de la tranquera. Levantó la vista y cerrando los ojos dejó que los cálidos rayos del sol inundaran su rostro. Aquella tarde de fines de agosto estaba explotando lo mejor del verano en el atardecer. No hacía demasiado calor, aunque antes de salir de la casa había optado por ponerse el vestido blanco de lino que su madre tan laboriosamente había hecho. Y ahora que caminaba a un costado de la cerca, el débil viento bailoteaba con los pliegues del vestido. Sus cabellos, sueltos, caían desprolijamente sobre sus hombros y se entrelazaban, creando unos inusuales bucles. El campo, apacible a esta hora de la tarde, recibía sus callados pasos y se fundía con su soledad.
Se respiraba una paz que hacía tiempo que no sentía. Delicadamente, abrió los ojos y se quitó los zapatos que llevaba puestos. Cerró nuevamente los ojos para disfrutar de la sensación del pasto bajo sus pies. Suave, cosquilleante, relajante...
Los árboles oscilaban tranquilamente. Ella continuó caminando, contando cada flor que veía. Una, dos, tres... El aroma a lavanada era intoxicante.
Y qué hermoso se sentía poder dejarlo todo por un rato y escapar.
Escapar.
A donde más le gustaba.






Y siempre me había preguntado por qué vivía en las nubes, en mi imaginación. En ese mundo ridículamente hermoso que me atreví a crear.

Vivo en continuo escape.

Jasmin Chen Photography.

17 abr. 2009

plaisirs simples.



Y llevaba puesta una pollera roja con lunares naranjas.
Pero no era una pollera cualquiera. Esta se la había hecho su abuela, cuando todavía usaba anteojos y podía coser. Recordaba ese día. Habían terminado de hornear unas galletitas de vainilla con pepitas de chocolate. El aroma proveniente del horno inundaba la casa. Y ella había arruinado por completo su vestido, usándolo de trapo para limpiarse el chocolate de las manos. Su abuela había asomado los ojos por encima de sus anteojos de media luna y con una mirada escudriñadora había sentenciado "tu madre se pondrá como un cabrito" (su abuela había nacido hacía ya muchos años en el campo, en una pequeña casita que tenía un ranchito adosado a un costado, y entonces solía hablar con "metáforas campesinas" como a ella le gustaba llamarlas). Recordaba haberse imaginado la expresión que pondría su madre al verla. El ceño fruncido, los labios apretados, formando una delgada línea tirante, y los ojos evaluadores, sopesando el castigo. Ella había asentido vigorosamente, y la abuela había sonreído (esa sonrisa cómplice de abuela que ya tiene una brillante idea). La había guiado hasta el cuarto de costura y le había dicho "te voy a hacer una pollera".
Ella había elegido los colores. Por supuesto, su madre lo primero que había hecho al conocer su elección era preguntarle con qué pensaba combinarlo. Ella la había mirado, un poco confusa, y había respondido "con todo".
Sonrió al recordarlo.
Y además, esta pollera era especial, porque cuando giraba muy rápido, se inflaba como una campana. Una campana roja y naranja.





Rengim Mutevellioglu Photography.

15 abr. 2009

le temps ignore.

I've got this feeling, that there's something that I missed. Don't you breathe. Something happened that I never understood. You can't leave. Every second, dripping off my fingertips. Wage your war. Another soldier, says he's not afraid to die. Well I'm scared. I'm so scared. In slow motion, the blast is beautiful. Doors slam shut.


A clock is ticking, but it's hidden far away.


Safe and sound.












Marie Hochhaus Photography. Definitely the best.

13 abr. 2009

la logique d'amour.

Estaba sentada, esperando. El sol parecía haber decidido aguantar un rato más en el horizonte, curioso del desenlace de nuestra conversación. La plaza vacía, considerando los diez grados que hacían y el extraño horario, nos esperaba también, paciente.

Un pato perdido chapoteaba en la orilla del lago, creando unas pequeñas ondas en la impoluta superficie cristalina. La suave brisa despertaba las ramas dormidas del los árboles, haciéndolas susurrar fastidiadas.

Y allí estábamos, los dos, sentados en un marmóleo banco, frente al lago -y al pato-, cada uno en un extremo.

- Eres imposible -

Pude escucharlo. El viento esta vez estaba de mi lado, y me había traído sus palabras susurradas. Con la vista aún fija en las ondas del lago repliqué.

- No, no lo soy -

Él hizo ademán de girar la cabeza para regalarme esa mirada incrédula que yo ya tantas veces había visto. Pero decidió que tal vez no era lo mejor.

- Entonces, ¿por qué te cuesta perdonarme?, ¿acaso no te explique bien y claro las causas de mis acciones?, ¿es que no fueron suficientes los ejemplos que te dí? -

Apreté la mandíbula. Ahí íbamos.

Todas esas palabras importantes, toda esa lógica, toda esa racionalidad. Dios. Cuánto deseaba poder hacerle entender que estábamos hablando de sentimientos, no de alguna aburrida estadística.

Cerré los ojos con fuerza y me permití respirar profundo, contando hasta tres antes de responder.

- Por favor, deja ya eso. -

- ¿Que deje qué? -

Lo miré de reojo para saber si me estaba mirando o si de nuevo seguía sumido en sus pensamientos. Bien, ni me registraba.

- Que dejes todos esos hechos y datos en los que te basas. Sabes que no eres un hombre de sentimientos, ¿verdad? - Repliqué, la exasperación evidente en mi voz.

Se limitó a encogerse de hombros.

El sol seguía allí, rígido, casi pendiente de nuestra charla.

Suspiré.

- Si que soy un hombre de sentimientos. Simplemente me gusta cuantificarlos y cualificarlos. -

Giré la cabeza tan bruscamente que temí haberme dañado algún músculo del cuello. ¿Había escuchado bien?, ¿lo estaba diciendo en serio?

Los árboles parecían tan alborotados como yo. El viento me despeinó un poco más.

- Bien. Entonces dime, ¿cómo se mide una sonrisa? ¿Cuántos días tarda uno en enamorarse? ¿Quién puede determinar el valor de un regalo hecho a mano? ¿Dónde puedes buscar a tu alma gemela? -

El silencio se hizo tangible. El sol emitió un último y débil rayo por sobre el horizonte. El viento dejó de molestar a los árboles. El pato había desaparecido.

Y sin más, me levanté y me fui.





















What does this word «love» mean? Love has been described as the greatest need humans have. From the cradle to the grave, people strive after love, thrive in its warmth, even pine away and die for lack of it. Nonetheless, it is surpassingly difficult to define. Of course, people talk a lot about love. There is an endless stream of books, songs and poems about it. The results do not always clarify the meaning of love. If anything, the word is so overused that its true meaning seems ever more elusive.
Vladimir Zivkovic Photography.

5 abr. 2009

la solitude de l'étant.



"Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra."






(G.G. Márquez, Cien años de soledad, p. 471)






Y será, tal vez para siempre, la mejor síntesis del todo, de nosotros, de la esencia del ser.










3 abr. 2009

âme gelée.

Se había roto una sonrisa hacía años en esa misma calle. Aún se podían vislumbrar las lágrimas apisonadas en el pétreo asfalto, y oír los ecos perdidos de un sollozo lánguido.
Las nubes creaban un manto gris sobre la ciudad. Nadie sabía muy bien por qué hacía frío en una época como esta. Tal vez sus propios espíritus habían contagiado al caprichoso clima. Sí, probablemente eso sucedía. La brisa gélida recorría sinuosa los intrincados callejones y pasajes, besando los vidrios de las ventanas y escarchando los alientos. El sol, débil en su existencia, apenas si lograba asomarse para indicar que el día había comenzado. Y hacía tiempo que todos habían olvidado el suave calor de sus rayos al amanecer. Y sobre todo, hacía más tiempo todavía, que la gente había olvidado cómo era la ciudad sin ese manto blanco que lo cubría todo.
Blanca, fría, indiferente. Con escarcha y hielo en los rincones más olvidados. Casi se semejaba a los miles de corazones que en días como hoy recorren las veredas resbaladizas. Y estaba olvidada. Bastante olvidada. Incluso el tiempo había perdido todo interés en pasar por allí. Estaba congelada.









Melissa photography.

2 abr. 2009

le cirque c'est très charmant.


- Buck and Wanda are damn good.
- Buck was more dashing than you. I mean, Buck drove a motorcycle.
- Wanda was funner than you.
- How?
- Well, she let me knock off a rubber nose from her face with a knife. You would never let me do that. You're way too rational.

31 mar. 2009

j'y suis jamais allé.




- What's it like, Neverland?
- One day I'll take you there.





16 mar. 2009

À quai.

Ya -de nuevo- se estaba haciendo tarde. Una vez más consultó su reloj. Cinco minutos tarde. De nuevo.
No sabía, nadie sabía, por qué el tren de las cinco y cincuenta y cinco siempre llegaba cinco minutos tarde -a veces se le sumaban otro cinco minutos a la tardanza-. Buscó el banco donde solía sentarse, para poder gastar esos minutos descansando. Levantó su portafolio del suelo de mármol y agarró su abrigo marrón. Caminó a paso rápido, esquivando a los perdidos transeúntes que aún no sabían que tren tomar. Cuando llegó, levantó la vista. Hoy su banco estaba ocupado.
Con la mirada perdida en el oscuro túnel del tren, una mujer esperaba suspirando. Sin prestarle demasiada atención se sentó lo más lejos de ella que pudo, poniendo entre ellos sus cosas -una suerte de muro, pensó-. El banco crujió un poco bajo su peso. Se sacó el sombrero y se pasó la mano por la cabeza -clara señal de exasperación-.
La mujer pareció darse cuenta de su presencia, porque torció la cabeza y lo miró profundamente. Parecía estar examinándolo. Se sintió un poco incómodo. Odiaba que la gente regalara de esa forma esa clase de miradas críticas y mal intencionadas. Carraspeó y se dio vuelta de forma tal que la mujer no pudiera mirarlo.
Discúlpeme, tal vez me esté equivocando, pero creo que lo conozco. -Ya le parecía a él que esta mujer solo tenía ganas de molestar- ¿Sí? Pues yo no creo conocerla de ningún lado. Ah, perdón, pero su cara me sonaba conocida. No señora, creo que no.
Recién en ese momento reparó en su acompañante de banco. Tenía el cabello muy corto y muy negro, y llevaba puesto un vestido naranja un tanto chillón. En la cabeza tenía una de esas boinas ridículas color rojo, y en los pies llevaba mocasines. Mal gusto, definitivamente.
¿De qué trabaja? ¿Discúlpeme? Preguntaba de qué trabaja, tal vez lo conozco de allí. No, no creo, yo soy contador. Ah, no, me confundí.
Pensó un segundo. Finalmente se decidió.
¿Por qué?, ¿usted de qué trabaja? Soy música. Ah, ¿música como los roqueros de ese cartel?
Señaló una inmensa y bizarra propaganda que estaba de la pared de enfrente. Ella sonrió.
No, yo compongo música para cajas de música. ¿Qué usted hace qué? Compongo la música de las cajas de música, ¿nunca tuvo una?
Él sacudió la cabeza. Su tía abuela había tenido una, que él se había encargado de romper en uno de sus improvisados partidos de fútbol dentro de su casa.
¿En serio? Sí, en serio.
Se miraron por primera vez a los ojos. El andén se sacudió un poco, y luego volvió a calmarse. Ella sonrió y él se dio cuenta de que tenía ojos celestes.
Mire, yo por aquí tengo una, es muy chiquita, pero creo que es de una de las mejores canciones que compuse.
Ella revolvió en su mochila fucsia hasta encontrar lo que buscaba. Le tendió la cajita. Él la observó. Era muy pequeña -calculaba que tan solo podrían caber tres dedales- y de madera oscura. La tapa estaba decorada con tres círculos que seguramente eran de plata.
¡Ábrala!
El andén se inundó de colores. Él cerró los ojos. Su pecho se hincho de alegría. Volvió a ver la vida y caminó de nuevo las cinco cuadras que había entre su casa y la escuela. Escuchó a su madre cantarle las nanas antes de dormir. Vio a sus amigos jugando fútbol y se vio a sí mismo alentando a su equipo. Olió la flor que le había regalado a Juliette aquella primavera de la época de la libertad. Degustó el dulce de frambuesas que su abuela le había enseñado a hacer. Tanteó en la sombra de su cuarto el libro que había escrito y que nunca se había animado a dejar conocer.
La tapa de la caja se cerró. Abrió los ojos. El andén estaba vacío. Buscó con la mirada a la mujer, pero no la encontró. Miró su reloj. Seis cincuenta y cinco. Había perdido el tren.




















Gloria-aniela photography