19 dic. 2010

oh, les enfants.

Pasame la pequeña arma, mi querida, mi pequeña huidiza / los limpiadores están viniendo, uno por uno, y te prometo que no querrás que empiecen.
Están golpeando tu puerta, ahora / miden la habitación, conocen la música / están trapeando el piso del carnicero, de tus pequeños corazones rotos.
Oh, niños.
Perdonanos por lo que hicimos / tan solo nos estábamos divirtiendo.
Tomá, llevátelas antes de que nos vayamos / las llaves del gulag.
Oh niños.
Levanten sus voces.
Regocíjense.
Aquí vienen Frank y el pobre Jim / se están juntando con todos mis amigos.
Estamos viejos, la luz es débil / y vos sólo sos estás comenzando.
Oh, niños.
Tenemos la respuesta a todos tus miedos / es corta, es simple, es clara como el cristal.
Es redonda, está en algún lugar por aquí / perdida entre nuestras victorias.
Oh, niños.
Levanten sus voces.
Regocíjense.
Los limpiadores han hecho su trabajo con vos / ya te limpiaron, estás como nueva / están haciendo fila para inspeccionarte.
Oh, niños.
El pobre Jim está blanco como un fantasma / encontró la respuesta que estaba perdida.
Estamos llorando, todos, ahora / porque no hay nada que podamos hacer para protegerte.
Oh, niños.
Levanten sus voces.
Regocíjense.


(Hey, pequeño tren, ya nos subimos / el tren que lleva al reino / ya lo veo, ¿me has guardado un lugar? / ¿no lo estoy imaginando? / Hey, pequeño, tren, espérame! / estaba atado con cadenas, pero ahora soy libre / estoy colgando aquí, ¿no lo ves? / en el proceso de eliminación / Hey, pequeño tren, ya nos subimos / el tren que lleva al reino / estamos felices, ma, nos estamos divirtiendo / es más de lo que esperaba / Hey, pequeño tren, ya nos subimos / el tren que lleva al reino / estamos felices, ma, nos estamos divirtiendo / es más de lo que esperaba / y el tren todavía no salió de la estación)



14 sep. 2010

monochrome.

Ya tengo aquel trabajo por el cual a tanta gente olvidé. Ya tengo ese pequeño y pintoresco departamento por el cual tanto tiempo embargué. Ya lo tengo. Ya ese cuadro de Monet ocupa una pared entera de mi estrecho cuarto. Ya.
Y bajo los mismos tres escalones hasta el patio central, y con cuidado cruzo el matorral de macetas resquebrajadas. El mismo chirrido me recibe todos los días, y parto, lejos, hacia otra estrecha oficina.
Tal vez hoy los colores sólidos me cansen. Tal vez hoy decida otra cosa. Sin embargo, todo tira, todo tensiona, todo me empuja.
Y ya acumulé una torre de libros que planeo leer, y sin embargo no leo, no leeré. Y admiro sus cubiertas y deslizo mis dedos sobre sus títulos. Y Monet me mira.
Calculé el tiempo libre. Lo dividí, lo fraccioné. Y sin embargo aún no miro esas películas que prometí una y mil veces mirar, y los actores envejecen y siguen ganando premios. No los conozco tampoco a ellos.
Dejé de lado los cuadernos con cálculos y cuentas extrañas y sostuve entre mis brazos el primer tomo de la enciclopedia. E inventé viajes, imaginé lugares exóticos, gente extraña, sabores embriagantes. Y sin embargo jamás me salí de las cuadras usuales. Jamás miré el cielo.
La bicicleta estaba oxidada.
La herrumbre caía y decoraba el patio, en una especie de curioso charco naranja.
Y me olvidé de vos, también.




27 ago. 2010

le fin.

Cadáver.
Estoy esperando.
Je ne comprends pas...
¿Acaso puedes verlo?
Y ves el futuro grabado en sus ojos.
Y los túneles te atrapan,
te hunden.
Je ne sais pas.
El cielo espera,
truena,
quiebra.
Era ella,
¿no la ves ahora?
El tiempo está
corriendo de nuevo.
¡Despertá!
Es el final.
J'ai vu tous les soleils.
La última bocanada
de aire.
Ella llora.
Mais tu n'as écouté pas...



18 ago. 2010

la vie est-elle une illusion?

¿Qué es esta cosa extraña que ustedes llaman "realidad"?
¿Dónde puedo encontrarla?



4 ago. 2010

random post is random.


I write like
J. K. Rowling
I Write Like by Mémoires, Mac journal software. Analyze your writing!

'Nuff said.

9 jul. 2010

raein.

El oxígeno sencillamente no alcanzaba, las paredes se encerraban sobre sí mismas, el marco de la puerta clavaba su frialdad como cuchillos en su espalda.
Las voces que provenían del comedor eran ajenas a su presencia y discutían acaloradas temas de dolor e indiferencia. Ella descansaba la cabeza del otro lado, de pie, firme, esperando la bala que nunca llegaba.

-... pero no me podés decir esto ahora! -
- .., qué querés que haga! -
- ... podrías haberlo pensado antes... -
- ... había llegado temprano, y lo encontré así... -
- ...no sabía qué hacer... -
- ...muerto...-

El impacto le sacó el aire de los pulmones y de pronto su garganta se cerró. Sentía aquella mano invisible presionando su cuello, ahogándola. Las lágrimas comenzaron a fluír solas. Nunca rompió el silencio. Nunca.




23 jun. 2010

Buenos Aires II

Pero también están los días de la maldición porteña. Y no son pocos ni son fáciles. Cuando la ciudad arma su complot hay que prepararse, porque todo puede salir mal. Corrijo: todo va a salir mal.
Empieza tímidamente: el colectivo pasa de largo y llegás tarde al colegio. No importa, sos un tipo duro, te la bancás. No podés falta nunca más hasta fin de año porque te quedás libre, pero todo bien. Seguís adelante. La mañana en el coelgio es una porquería, como corresponde: nadie esperaba otra cosa. Probablemente Belén, la profe, está más inspirada que nunca con la problemática adolescente y redobla sus esfuerzos por salvar el universo. Con seguridad vos quedás justo en el medio entre el universo y ella, y te llama para conversar un rato, esperando que le cuentes las cosas tristes de tu vida, que te desahogues con ella. Vos querrías ahogarla maás que desahogarte, pero no, sos un tipo centrado, ya estás grande. Lo dejás pasar. Te entregan alguna que otra nota mala: un clásico, no importa. Aparece un papelito donde una de tus compañeras escribió tu nombre y al lado puso que te ama o te odia -da lo mismo-y eso arma un terrible conventillo, pero vos sos un tipo recio que no se engancha con esas giladas, y seguís de largo.
Superada la mañana, volvés a tu casa a almorzar. No, error, hoy toca almuerzo en lo de tu abuela. Salís con hambre pero dignamente a tomar el subte que, como era previsible, no anda. No hay problema: no son tantas cuadras en realidad y vos sos un tipo atlético, pueden hacerse caminando. Y entonces se larga una de esas lluvias que en general pasan en otros países, pero no acá. Y ahí sí, como que empezás a fastidiarte un poco, sobre todo cuando pisás una baldosa rota y se te empapa una zapatilla (nunca las dos, siempre una, porque es incluso más molesto). Ni hablar de paraguas, esos son artículos que usa la gente de más de 30. El tránsito empieza a enquilombarse, suenan cada vez más bocinas. Un tipo quiere pasar a otro auto y hace una maniobra jugada muy cerca del cordón: no logra lo que quería, pero toda tu ropa queda llena de barro.
Obviemos el almuerzo en lo de tu abuela, que salvo por lo de "ponete un saquito", siempre está más o menos bien. El problema es cuando tenés que irte, porque tampoco podés quedarte a vivir ahí.
"Buenos Aires es una ciudad hermosa, aunque no está preparada para la lluvia", te decís, tratando de recordar una técnica de relajación mental que te enseñó alguna vez un compañero oriental. Vos sos un tipo paciente, e igual ya tenés las zapatillas mojadas (a esta altura sí, ya son las dos), así que encarás hacia tu casa. No vas a cometer el error del subte otra vez: sos un tipo experimentado. Te tomás el colectivo que curiosamente para, pero tiene tanta gente adentro que las extremidades de los seres salen por las ventanillas. Subís igual, porque sos un tipo ágil, y con un gesto de civilización que sorprende a muchos, te disponés a pagar el boleto. Pero las moneditas están mojadas y pasan de largo por la máquina, y el colectivero -el señor colectivero- empieza a perder la paciencia y a apurarte para que busques otras. Que por supuesto están en un lugar imposible cerca de muchas otras humanidades, que por supuesto protestan primero en un murmullo y luego cada vez más violentamente, jurando que van a denunciarte porque estás intentando meterles la mano en la cartera (en la cartera que saben que trajeron pero que ya nadie podría encontrar, en el medio de ese revuleto de ombligos y nalgas y niños que lloran que es el colectivo). Como sea, el mal momento se detiene porque se anuncia otro peor: el colectivo está parado hace rato frente a una barrera que -está claro- no funciona. "Pibe, bajate y levantala", escuchás, y buscás desesperadamente un pibe que se haga cargo. Pero las señoras te están mirando: no hay escapatoria. Bajás porque sos un tipo gauchito, levantás la barrera y, como corresponde, el colectivo pasa y sigue de largo, dejándote a pata. Más allá de la barrera, comprobás que hay como una laguna en la que, si tuvieras los elementos, podrías ponerte a pescar, porque se abrió una de esas tapas que hay en el asfalto y apareció un maravilloso géiser urbano.
De algún modo te las arreglás para llegar a tu casa donde, por supuesto, se cortó la luz. Como sos un tipo en un estado lamentable, subís con lo que te qued de vida los ocho pisos por la escalera y te desplomás dentro de tu hogar maldiciendo la lluvia, los medios de transporte, a las señoras con cartera, a esta ciudad cochina donde todo queda lejos.
Cuando finalmente, después de bañarte, te vuelve el calor al cuerpo y te vuelve la luz al departamento, te tirás en la cama a mirar tele sintiéndote un pobre tipo, y llega tu mamá que lanza un: "Ni me hables, no sabés todo lo que me pasó hoy: había una manifestación y cortaron la 9 de julio".
Buenos Aires tiene sus días. Hay que tratarla con cuidado.


Florencia Gattari, Posición adelantada



18 jun. 2010

Siempre acabamos llegando a donde nos esperan.

"...es lo que decimos cuando no queremos mostrar nuestra debilidad, decimos, Bien, aunque nos estemos muriendo, a esto le llama el vulgo hacer de tripas corazón, fenómeno de conversión visceral que sólo en la especie humana ha sido observado."





La ceguera blanca, ese mal que es el ocaso inevitable de la vida, se ha llevado a otro genio moderno.



Te vamos a extrañar.

José de Sousa Saramago, 1922 - 2010



4 jun. 2010

.

Siempre me quejé, porque era lo más fácil. Despreciaba mis ineptitudes, recelaba aquellos defectos. Buscaba la punta de la perfección en un círculo inacabable.


Y ahora, tan solo pido poder tener, algún día -y si es posible en esta vida- el valor suficiente para darte las gracias, o para hacerte llegar estas palabras. Gracias por ese silencioso gen que hoy comienza a desplegar todo su potencial. Gracias por el tácito aliento. Gracias por esa sonrisa casi imperceptible que logré vislumbrar cuando aquel día te conté sobre mi futuro. Gracias por cada palabra barroca y rimbombante, llena de esa miel que tan solo vos podés plasmar en un papel. Gracias porque sé que, de alguna forma extraña e incomprensible, algún día cumpliré tu sueño oculto también.

Gracias abuelo, por regalarme la pasión por la escritura. Ambos seremos poetas cegados por el amor algún día. Hoy.



31 may. 2010

le voyageur sans fin.

Qué extraño era observar la noche caer en cámara lenta, sobre aquel inmenso océano espejado. El tren de las horas mudas corría incansable, rompiendo con suaves olas la superficie cristalina, hacia un destino incierto repleto de estaciones innombrables. La luz del atardecer moría con lentitud mientras los focos vacilantes de las cabinas se encendían con dificultad y parpadeos.
Las sombras engullían todo. Ella esperaba. Del tapizado del asiento brotaba una fragancia embriagante a flores y a mundo que la adormecía aún más. Hacía días -o meses, o tal vez años- que viajaba sentada allí. El rumbo, como todo hasta donde recordaba, era incierto. Sus párpados pesaban cada vez más. No llevaba más que las ropas que traía puestas. Y el libro. No necesitaba nada más.



16 may. 2010

la vérité.

El cambio es la única constante.








30 abr. 2010

le haiku.

Lluvia en tu rostro.
El interior, partido.
Deja el camino.








26 abr. 2010

le secret.





25 abr. 2010

dr. jekyll & mr. hyde

La soledad oprimía nuevamente el aire de la casona. Miró con llanas esperanzas las valijas a medio hacer en el medio de la vacía habitación. La casa se encogía con el último silencio de la tarde.

¿En qué pensaba? No, siempre volvía a lo mismo, una y otra, y otra vez. Pero, ¿a dónde iría? ¿Se animaría, siquiera, a irse definitivamente?
La jaqueca le golpeteaba las sienes.

Recordaba las flores de pétalos vibrantes bajo los primeros rayos del sol. Cada ínfima gota de rocío, iluminada, transfigurada, única.
Única.
Sus pasos resonaron huecos por el pasillo. Se detuvo frente al único espejo sano de la casa.
Los años habían ido marcando aquel rostro descolorido y mustio. Los ojos, hundidos y apagados, descansaban con somnolencia en la mirada vacía del reflejo. Los labios, olvidando las sonrisas de antaño, se apretaban en una delgada línea tensa. La piel, cetrina y traslúcida, concluía el ciclo vital demasiado antes de lo que le correspondía.

Vejez. Ya quisiera. ¿Vejez? Mi querido, la vejez no son los años transcurridos, la vida pasada.

Parpadeó con fatiga.

Tu vejez, esa que ahora es tan visible, es interior. ¿No la ves? Te marchitaste. Vacío, nada.

Las últimas luces del día relampaguearon contra la bruñida superficie del espejo. Captó un destello de sus rasgos antes de sumergirse en la oscuridad.

Tranquilo, no te esfuerces. El día ya acaba, y las cosas son demasiado difíciles. Descansa. Si ellos no supieron comparecer ante tu silencioso llamado, que ahora sufran. Él, él que te ignoró. Ella, que no te supo apreciar. Todos ellos, que cayeron en la ceguera del propio ego. Ahora entenderán. Tranquilo, todo pronto será distinto. Silencio, que el dolor ya acaba. Ahora solo escúchame.
No pienses más. Ven, déjame arrebolarte las mejillas, barnizarte los labios, curvarlos en una sonrisa plástica, moldear tus pómulos, tapar tu nívea piel.
Que no vean, que no lo sospechen. Déjame, una vez más, solucionar todos tus problemas.



..

Abrió los ojos. Los primeros rayos del día se colaban por las hendijas de la persiana. Parpadeó un par de veces y se incorporó. ¿Dónde estaba?
Se llevó la mano a la cabeza, palpitando los resabios de una jaqueca que no recordaba. Algo lo incomodó. Bajó el brazo y observó, con ojos desenfocados, la palma de su mano, cubierta de algo rojo y cuarteado.

Oh, no. Otra vez no, por favor!






5 abr. 2010

"Fantasy and reality often overlap."


-- Walt Disney





sous le soleil.

It's hard to take the blame
When I look at you, you're so ashamed
My darling
I've been thinking of leaving
Well all right
It's ok
We all get the slip sometimes every day
I'll just keep it to myself
In the sun
In the sun
Well all right
It's ok
We all feel ashamed sometimes every day
I'll just keep it to myself
In the sun
In the sun.









25 mar. 2010

valse avec le temps.

El tiempo es una cosa muy curiosa. Nunca se sabe cómo pasa, pero siempre comentamos lo rápido que lo hace. Aparece, saluda, y cuando menos lo esperamos, se va.
Cuando estamos aburridos, se deleita con nuestras miradas apesumbradas y suspiros fastidiados, y camina a paso de tortuga. Un minuto se transforma en un siglo. Sin embargo, cuando estamos contentos, entretenidos, disfrutando, el muy sinvergüenza juega carreras con el viento y corre a una velocidad inhumana. Aquel minuto se transforma en una milésima de segundo.
Nunca lo comprendemos y siempre andamos revisándolo, no vaya a ser cosa de que nos despistemos y haga de las suyas.
El tiempo es pícaro. El amigo de una amiga de una conocida que me prestó un libro donde ese amigo es un personaje, me contó que se peleó con el tiempo. Tuvieron una larga y acalorada discusión. El tiempo no cedió, y este amigo refunfuñó en todos los idiomas que conocía. Y, por supuesto, el tiempo se enojó y decidió no pasar por la casa de este amigo nunca más. Nunca jamás de vuelta. Y helo allí a este amigo. Para él son siempre las seis de la tarde y vive en una infinita fiesta de té, merendando una y otra, y otra vez el mismo té de frutos rojos y degustando siempre los mismos pasteles.
El tiempo juega con nosotros. Nos distrae, pero con cuidado de que no nos avivemos. Nos controla, pero con una sutileza propia a su estilo. Nos sofoca y casi siempre nos hace olvidar por qué lo necesitábamos en primer lugar. Un momento, ¿lo necesitábamos?
Y cuando nos dimos cuenta, el tiempo voló y solo nos preocupamos por él.




23 mar. 2010

la vie quotidienne.

“It is better to be hated for what you are than loved for what you are not.”

— André Gide






12 mar. 2010

chanson de mer.

¡Ahí estaba, otra vez, esa música!
Dejó caer el libro que tan meticulosamente estaba leyendo y se incorporó de un salto.
- ¿Qué te pasa, Tomás? - Preguntó su padre, alarmado por el abrupto movimiento.
Tomás hizo caso omiso y escuchó con atención.
Giró la cabeza un par de veces con ojos ávidos, tratando de captar el origen de aquella música. Pero la playa estaba bastante vacía aquel atardecer. Cerró los ojos e hizo un esfuerzo por identificar de hacia dónde soplaba el viento.
Sur.
Dio media vuelta y comenzó a correr hacia el norte, trastabillando varias veces y hundiéndose considerablemente en la fresca arena.
Corrió y corrió, dejando atrás a las pocas familias que estaban jugando a las cartas o buscando cangrejos, alejándose cada vez más de la ruta y escuchando, cada vez más fuerte, aquella curiosa melodía que se repetía sin cesar.
Cuando la respiración se le comenzó a entrecortar y la garganta, a pedirle un buen trago de agua, dobló por una pequeña península que formaba la costa y se detuvo. La música era ahora muy fuerte.
Observó aquel diminuto golfo, apreciando las gigantes rocas sobre la costa, y las montañas escarpadas que hacían de acantilado.Y sin embargo, no vio a nadie.
Pero un pensamiento le asaltó la mente.
Con cuidado, y tratando de hacer el menor ruido posible, se acercó a la formación de rocas.
Se asomó. Un viento repentino, con mayor fuerza de la normal, lo despeinó.
Es el día de hoy en que Tomás no sabe si lo que vio fue algo real o un producto de su imaginación. Los recuerdos son borrosos, en términos de percepción de la realidad, pero lo que si recuerda con nitidez es el áura, el halo de magia, o de sobrenaturalidad, que abarcó todo durante esos minutos.
Allí, sumergida en el mar hasta la cintura y dándole la espalda, había una joven, de larga cabellera rubia, que tocaba una flauta de madera mirando hacia el horizonte. La calma que reinaba en el lugar era casi tangible.
Desde donde estaba pudo notar que sus ojos azules, tan azules como el mismísimo mar, estaban embebidos de una nostalgia y anhelo profundísimo. Y mientras tanto, aquella melodía lo hipnotizaba más y más.
Ansió verla de más cerca y al tratar de trepar aún más la roca, resbaló, cortándose apenas el talón.
Maldijo entre dientes y desvió la vista para analizar el daño.
Y cuando volvió a levantar la vista, la chica había desaparecido.




1 mar. 2010

don quixote.

So we left La Mancha
Headed out for higher plains
Me and Sancho Panza
Looking for adventure
Rosinante at the reins
To the windmills answer
You'll never be lonely
You'll never be lonely ever again
You'll never be lonely
You'll never be lonely again
I heard you never get wet in Spanish rain
So they sent the doctor, for examining my brain
Said he's not too clear
Oh when the world,
when the world just seems, a little bit too cruel
Gonna leave it better
Make one better
So tell that princess
Tell that princess right down the train
Tell that princess
She'll never be lonely again
I heard you never get wet in Spanish rain
Ooh, ooh
I heard you never get wet in Spanish rain
I heard you never get wet in Spanish rain
Woo ooh, Wooh ooh
Heard you never get wet in Spanish rain
 



Amazing...

18 feb. 2010

le héros commun.

Aquel mediodía de verano la encontró sentada en la cocina, leyendo. La brisa era escasa y cálida, pero suficiente para colarse por la puerta entreabierta que daba al jardín y refrescar el ambiente. El sol, en cambio, derramaba sin escatimar todo su calor sobre el pasto. Los árboles agradecían agitando lánguidamente sus hojas.
Leía un clásico. Uno de esos libros que están tan incorporados en las conversaciones cotidianas, en las listas de literatura espectacular e imprescindible, que la gente ni se molesta en considerar que alguien pueda haber no leído. Pero ella nunca lo había hecho. Y a veces le avergonzaba admitirlo. Pero ese mediodía, decidió cambiar las cosas.
El tiempo jugueteaba con las agujas del reloj, y sus dedos, con las páginas del libro. La calma era absoluta, salvo por el ruido de alguna cigarra quejándose del calor. El libro, claramente, era tan bueno como su fama le atribuía. Héroes, aventuras, paisajes, maravillas no cotidianas.
Escuchó, suave, el sonido de las llaves abriendo la puerta de calle.
- Ya volví! -
Con agilidad marcó el libro y lo dejó a un costado de la mesa. Su madre entró a la cocina, cargando con unas bolsas del mercado y un semblante cansado. Su madre dio inicio al desembarque de botellas y frascos de mermelada con un resoplido.
- ¡Qué calor que está haciendo! Así no vamos a sobrevivir! -
El ruido de las bolsas rompió con la calma tácita del ambiente. Una, dos hogazas de pan. Cinco paquetes de galletas. Un gran frasco de melaza. Se dedicó a observar a su madre vaciar las bolsas.
- No sabés qué buen libro que estoy leyendo! -
Su madre se permitió unos segundos de pausa para mirar a su hija entre las compras.
- ¿Sí? -
- Sí! Cuenta la historia de un grupo de seres fantásticos que se embarcan en la travesía (que después resulta ser una aventura inmensa) más mágica que jamás hayan hecho. Y hay princesas y todo! - Explicó, exudando entusiasmo y reverencia.
- Bueno, no sé que tan mágica pueda ser la travesía de esos muñequitos, pero lo que sí sé es que me vas a tener que ayudar con el almuerzo! - Dijo su madre mientras terminaba con las bolsas y encendía la primera hornalla.
Ella asintió y rápidamente se incorporó. Se acercó hasta la cocina y comenzó a cortar las verduras que su madre le colocó en la tabla.
- ¿Qué tal el trabajo, ma? -
- Bien - Replicó su madre mientras batía un par de huevos. - Hoy, por suerte, pudimos terminar con el caso del chico adoptado y entregarles los últimos papeles a la familia adoptiva. Así que bien. - Terminó de explicar con una sonrisa plasmada en su rostro.
Ella también sonrió, y no pudo evitar pensar en su libro. Al final de cuentas, los héroes no eran tan lejanos.

Sonia Szóstak Photography.

13 feb. 2010

la reine.

Debes seguir de pie. Nadie puede quebrar aquello que no es suyo. Debes seguir firme. No es tuyo, no es sobre tí, no es tu decisión.
Ten miedo de los incapaces, pues heredarán sus piernas.
Ten miedo de los viejos, heredarán sus almas.
Ten miedo de los fríos, heredarán su sangre.
Après moi, le deluge!
Debes seguir de pie. No puedes, no intentes, no quebrarás lo que no es tuyo. No es tu decisión.
Ten miedo de los incapaces, pues heredarán sus piernas.
Ten miedo de los viejos, heredarán sus almas.
Ten miedo de los fríos, heredarán su sangre.
Firme. Debes seguir firme. De pie. No eres tú. No es tu decisión.
Après moi, le deluge!