Qué extraño era observar la noche caer en cámara lenta, sobre aquel inmenso océano espejado. El tren de las horas mudas corría incansable, rompiendo con suaves olas la superficie cristalina, hacia un destino incierto repleto de estaciones innombrables. La luz del atardecer moría con lentitud mientras los focos vacilantes de las cabinas se encendían con dificultad y parpadeos.
Las sombras engullían todo. Ella esperaba. Del tapizado del asiento brotaba una fragancia embriagante a flores y a mundo que la adormecía aún más. Hacía días -o meses, o tal vez años- que viajaba sentada allí. El rumbo, como todo hasta donde recordaba, era incierto. Sus párpados pesaban cada vez más. No llevaba más que las ropas que traía puestas. Y el libro. No necesitaba nada más.31 may 2010
16 may 2010
26 abr 2010
25 abr 2010
dr. jekyll & mr. hyde
La soledad oprimía nuevamente el aire de la casona. Miró con llanas esperanzas las valijas a medio hacer en el medio de la vacía habitación. La casa se encogía con el último silencio de la tarde.
¿En qué pensaba? No, siempre volvía a lo mismo, una y otra, y otra vez. Pero, ¿a dónde iría? ¿Se animaría, siquiera, a irse definitivamente?
La jaqueca le golpeteaba las sienes.
Recordaba las flores de pétalos vibrantes bajo los primeros rayos del sol. Cada ínfima gota de rocío, iluminada, transfigurada, única.
Única.
Sus pasos resonaron huecos por el pasillo. Se detuvo frente al único espejo sano de la casa.
Los años habían ido marcando aquel rostro descolorido y mustio. Los ojos, hundidos y apagados, descansaban con somnolencia en la mirada vacía del reflejo. Los labios, olvidando las sonrisas de antaño, se apretaban en una delgada línea tensa. La piel, cetrina y traslúcida, concluía el ciclo vital demasiado antes de lo que le correspondía.
Vejez. Ya quisiera. ¿Vejez? Mi querido, la vejez no son los años transcurridos, la vida pasada.
Parpadeó con fatiga.
Tu vejez, esa que ahora es tan visible, es interior. ¿No la ves? Te marchitaste. Vacío, nada.
Las últimas luces del día relampaguearon contra la bruñida superficie del espejo. Captó un destello de sus rasgos antes de sumergirse en la oscuridad.
Tranquilo, no te esfuerces. El día ya acaba, y las cosas son demasiado difíciles. Descansa. Si ellos no supieron comparecer ante tu silencioso llamado, que ahora sufran. Él, él que te ignoró. Ella, que no te supo apreciar. Todos ellos, que cayeron en la ceguera del propio ego. Ahora entenderán. Tranquilo, todo pronto será distinto. Silencio, que el dolor ya acaba. Ahora solo escúchame.
No pienses más. Ven, déjame arrebolarte las mejillas, barnizarte los labios, curvarlos en una sonrisa plástica, moldear tus pómulos, tapar tu nívea piel.
..
Abrió los ojos. Los primeros rayos del día se colaban por las hendijas de la persiana. Parpadeó un par de veces y se incorporó. ¿Dónde estaba?
¿En qué pensaba? No, siempre volvía a lo mismo, una y otra, y otra vez. Pero, ¿a dónde iría? ¿Se animaría, siquiera, a irse definitivamente?
La jaqueca le golpeteaba las sienes.
Recordaba las flores de pétalos vibrantes bajo los primeros rayos del sol. Cada ínfima gota de rocío, iluminada, transfigurada, única.
Única.
Sus pasos resonaron huecos por el pasillo. Se detuvo frente al único espejo sano de la casa.
Los años habían ido marcando aquel rostro descolorido y mustio. Los ojos, hundidos y apagados, descansaban con somnolencia en la mirada vacía del reflejo. Los labios, olvidando las sonrisas de antaño, se apretaban en una delgada línea tensa. La piel, cetrina y traslúcida, concluía el ciclo vital demasiado antes de lo que le correspondía.
Vejez. Ya quisiera. ¿Vejez? Mi querido, la vejez no son los años transcurridos, la vida pasada.
Parpadeó con fatiga.
Tu vejez, esa que ahora es tan visible, es interior. ¿No la ves? Te marchitaste. Vacío, nada.
Las últimas luces del día relampaguearon contra la bruñida superficie del espejo. Captó un destello de sus rasgos antes de sumergirse en la oscuridad.
Tranquilo, no te esfuerces. El día ya acaba, y las cosas son demasiado difíciles. Descansa. Si ellos no supieron comparecer ante tu silencioso llamado, que ahora sufran. Él, él que te ignoró. Ella, que no te supo apreciar. Todos ellos, que cayeron en la ceguera del propio ego. Ahora entenderán. Tranquilo, todo pronto será distinto. Silencio, que el dolor ya acaba. Ahora solo escúchame.
No pienses más. Ven, déjame arrebolarte las mejillas, barnizarte los labios, curvarlos en una sonrisa plástica, moldear tus pómulos, tapar tu nívea piel.
Que no vean, que no lo sospechen. Déjame, una vez más, solucionar todos tus problemas.
..
Abrió los ojos. Los primeros rayos del día se colaban por las hendijas de la persiana. Parpadeó un par de veces y se incorporó. ¿Dónde estaba?
Se llevó la mano a la cabeza, palpitando los resabios de una jaqueca que no recordaba. Algo lo incomodó. Bajó el brazo y observó, con ojos desenfocados, la palma de su mano, cubierta de algo rojo y cuarteado.
Oh, no. Otra vez no, por favor!
Palabras que se relacionan
mío
5 abr 2010
sous le soleil.
It's hard to take the blame
When I look at you, you're so ashamed
My darling
I've been thinking of leaving
Well all right
It's ok
We all get the slip sometimes every day
I'll just keep it to myself
In the sun
In the sun
Well all right
It's ok
We all feel ashamed sometimes every day
I'll just keep it to myself
In the sun
When I look at you, you're so ashamed
My darling
I've been thinking of leaving
Well all right
It's ok
We all get the slip sometimes every day
I'll just keep it to myself
In the sun
In the sun
Well all right
It's ok
We all feel ashamed sometimes every day
I'll just keep it to myself
In the sun
In the sun.
Palabras que se relacionan
poesía con música
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